Destrucción de la hombría
¡Pero puedo vestirme de mujer, puedo usar lencería! No me dejes así como así por ella, no vale la pena. No tiene la herramienta que usabas anoche, no tiene las ganas, la fuerza de sentirse salvaje en la cama. ¡Porqué te quiero tanto! ¿Vez? Sigo siendo la sentimental de siempre, no evites que te quiera, ahora ven y abrázame una vez más para olvidar las cosas. Haremos como si nada pasó. ¿Hijos? Pero, con el sueldo que gano viajamos a Argentina y nos hacemos con uno de adopción, así elegimos, ¿Cómo lo quieres?... ¿Qué? Pero, ¿Qué tiene eso? A mi no me importa si no se parece a tí, total no va a salir de mi, no tiene de donde. ¡Porqué cresta sigues hablando de ella! Basta, si tanto te gusta, ¡vete!. (…) No, por favor no me dejes solo, no quiero. Te necesito acá, yo te amo. Si quieres puedo operarme, sacármela. Vamos, no ha de ser caro, ¿te parece?. ¡Cállate! No me digas eso que me la corto ahora, me harán algo parecido a lo que ella tiene, así no la extrañarás y me amarás a mi y solo a mi. ¡Suéltame! ¡Aaah!, Maricón de mierda, ábreme la puerta. Me mato weon, ¡¡Me mato!!. (…) ¡Mira! ¡Ya soy mujer! ¡¡Mírame!! ¡Mírame maricón, ámame! ¡Soy una mina, ahí está esa wea impura que me hacía hombre, quema la wea! Soy una mujer… un intento de mujer.

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